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El Inolvidable Arzobispo Don Antonio Guizar y Valencia

Tercer obispo y primer arzobispo

Datos biográficos

El hombre que fue para muchos un mensajero de Dios y para otros un enemigo a vencer, gobernó a la Iglesia de Chihuahua durante 48 años, de 1921 a 1969.

Nuestro querido e ilustre personaje, nació en Cotija de la Paz Michoacán, el 28 de diciembre de 1879. Antonio tuvo once hermanos, uno de ellos de nombre Rafael, ya inscrito en la lista de los santos de la Iglesia Católica.

Sus padres Prudencio Guizar y Natividad Valencia, pertenecientes a una de las familias más distinguidas de Cotija, lo que no era impedimento para que su madre fuera a los lavaderos para limpiar la ropa a los leprosos.

Antonio ingresó junto con su hermano Rafael al Colegio de San Simón de los padres Jesuitas. Posteriormente con toda la problemática de haber quedado huérfano, su deseo de luchar en la vida lo hizo seguir con sus estudios en su Estado natal Zamora, e ingresó posteriormente a la Universidad Gregoriana en Roma, donde se doctora en Teología y Derecho Canónico, y el doctorado en Filosofía lo obtiene en la Academia de Santo Tomás de Aquino. Emprende su regreso a México en 1913 y es nombrado catedrático del seminario de Zamora en 1919 es nombrado rector del mismo.

Don Antonio, tercer obispo de Chihuahua

El 30 de julio de 1920 fue preconizado Obispo de Chihuahua por Su Santidad Benedicto XV en sustitución del Excmo. Sr. Nicolás Pérez Gavilán. Recibió el 30 de enero de 1921 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe la consagración episcopal y tomó posesión el 4 de febrero de 1921. “Ante todo la Caridad” reza el lema que adoptó Don Antonio Guizar, lo que nos indica cual sería el eje de su ministerio en la Iglesia de Chihuahua.

Mons. Guízar Valencia tuvo que sufrir junto con la diócesis dos largos decenios: primero, la persecución religiosa de 1926-1929 y, después, en los años 30, la persecución impulsada por los sucesores de Calles y el cardenismo. Es decir, los primeros veinte años fueron de supervivencia, que se vieron compensados con valiosos testimonios de fe, que dieron muchos sacerdotes y laicos, hasta llegar al ejemplo máximo del martirio de San Pedro de Jesús Maldonado, que ofrendó su vida en 1937.

Después de 1940, contando don la colaboración como obispo auxiliar de don Francisco Espino Porras (1943-1961), tuvo más de veinte años para reconstruir una Iglesia que terminó muy maltrecha después de la persecución. Así, volvieron los sacerdotes exiliados, se reabrió el Seminario, se erigieron nuevas parroquias, surgieron nuevos colegios religiosos e instituciones que vinieron a dinamizar la vida de los laicos. El acto simbólico con el que comenzó este nuevo periodo de reconstrucción fue la realización del I Congreso Eucarístico Diocesano, en junio de 1941.

Don Antonio, primer arzobispo de Chihuahua

La diócesis fue elevada a la categoría de arquidiócesis por el Papa Juan XXIII el 22 de noviembre de 1958 mediante la bula Supremi Muneris, asignándole como sufragáneas las diócesis de Sonora (Hermosillo) y Ciudad Juárez, y nombrando como primer Arzobispo al mismo Antonio Guizar Valencia. Fue posteriormente nombrado Caballero de la Gran Cruz una de las más altas distinciones de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro del Jerusalén el 2 de abril de 1959, así mismo Conde de Corte Pontificia. Como Obispo y Arzobispo, asistió a un sin número de eventos, entre los que se encontraban por su trascendencia el Congreso Eucarístico de Viena y el Concilio Vaticano Segundo.

Don Antonio se distinguió por su incansable trabajo pastoral, debido a sus agotadoras giras y recorridos a caballo por Nonoava y San Francisco de Borja, donde atendía bautizos, confesiones y matrimonios. Reconocido como un hombre humano, sencillo, humorista y entusiasta y siempre cuando la gente lo visitaba su casa de la calle de Gómez Farías, siempre con mirada alegre las recibía.

Debido a su precaria salud y a su avanzada edad, Mons. Guízar Valencia obtuvo su retiro de la diócesis en 1962. No obstante, continuó siendo el arzobispo titular de Chihuahua, y gobernó la diócesis de Chihuahua en los últimos siete años por medio de un administrador apostólico, el Padre Luis Mena Arroyo (1962-1969).

Muerte de don Antonio

El 8 de septiembre de 1969, don Adalberto Almeida y Merino tomó posesión de la diócesis como segundo arzobispo y don Antonio pasó a ser arzobispo emérito de Chihuahua. La vida consagrada a Dios de don Antonio estaba cerca de terminar.

Finalmente, los titulares de los periódicos mencionaban de la muerte de Don Antonio Guizar y Valencia. Eran las 14:30 horas de agosto 4 de 1971, en la ciudad de México, cuando la flama se extinguió a los 91 años de edad dejando una verdadera trayectoria de amor y cerca de 70 sacerdotes consagrados. Sus restos fueron traídos a la ciudad de Chihuahua.

Llegó el día y los restos de Guizar y Valencia llegaban a Catedral, anterior a un despliegue de automóviles desde el aeropuerto hasta la Catedral y acompañado del féretro Don Adalberto Almeida y Merino y varios familiares como Dolores Chávez Guizar de Ordóñez, Roberto Ordóñez Coss, Rosalía G. de Degollado y Natividad Guizar de Pazos. La misa fue concelebrada con los sacerdotes Salvador Terrazas, Vicario General y Félix Pinocelli. Después Don Adalberto, depositó por encima del féretro la Mitra, la estola y el Palio Arzobispal de Don Antonio, quien fue vestido con una casulla blanca bordada con oro, sus guantes de obispo y el añillo pastoral. En el momento del discurso el Arzobispo Almeida se refirió a la obra de Don Antonio, diciendo: “Chihuahua tiene una deuda inmensa con él y que si bien su muerte es dolorosa, debe causar alegría el saber que ya recibió la corona que muy merecida se la tenía”

Al término de la Misa, las filas de fieles caminaba alrededor del ataúd, entre llantos y besos el cristal de la caja quedaba marcado por el mar de gente que le daba el ultimo adiós a Don Antonio y al final del día a eso de las 8 de la noche, se celebró una Misa con 20 sacerdotes, la que fue presidida por Monseñor Manuel Talamás, quien al igual que Don Adalberto, resaltaron los valores del desaparecido Don Antonio.

Para el día 7 de agosto de 1971 a las 12:30 horas, los restos mortales del primer Arzobispo de Chihuahua, Monseñor Antonio Guizar y Valencia, descansarían para siempre en la Catedral Metropolitana, pero antes una Misa final, donde los Obispos Adalberto Almeida de Chihuahua, Manuel Talamás de Juárez y Justo Goizueta de Madera, junto con 62 sacerdotes concelebraron la misa de cuerpo presente.

Don Adalberto tomó la palabra y dijo: “La muerte es esperanza para la transformación y es, desde el punto de vista cristiano, un triunfo porque el Señor nos ha enseñado que morir es un triunfo…Hemos traído los restos mortales de Monseñor para celebrar ese triunfo en la FE” .Al concluir la Misa, el féretro fue conducida hacia la puerta principal de Catedral y de ahí al atrio hasta la cripta de los Obispos para su descanso final.

Don Antonio Guizar, nos dejó una de las oraciones más famosas dentro de la feligresía y esta dice:

¡Oh, Jesús!,
Pastor Eterno de las almas,
dígnate mirar con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad:
¡danos vocaciones, danos sacerdotes santos!
Te lo pedimos por la Inmaculada
Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y santa Madre.
¡Oh, Jesús, danos sacerdotes según tu Corazón!