CATEDRAL, TESTIGO DE LA HISTORIA
LA CONSTRUCCIÓN DE LA NUEVA PARROQUIA, HOY CATEDRAL.
El primer proyecto
Pocos años después de su fundación, la villa de San Felipe había llegado a ser casi una ciudad, según palabras del P. José Neumann S.J. en una carta fechada el 15 de abril de 1724 al provincial de Bohemia: "A causa de la multitud de comerciantes y artesanos quienes, si manejan bien sus negocios en breve tiempo se harán muy ricos; porque la cantidad que de plata que día por día producen estas minas es increíble. De modo que esta última colonia española llegó a ser la más populosa de todas"; y añade que la población tenía una extensión de unos dos kilómetros.

El 10 de agosto de 1722 se erigió la parroquia de la villa de San Felipe con el título de Parroquia de San Francisco de Asís y Nuestra Señora de la Regla. El primer párroco, Juan Bautista de Lara, ante la insuficiencia de la inicial capilla, se dio a la tarea de promover su ampliación. Su idea era ampliar la parte posterior del templo en 14 varas. Una vara castellana mide 83.59 centímetros.

El nuevo obispo de Durango, don Benito Crespo y Monroy, envió en mayo de 1723 al maestro alarife Joseph de la Cruz a San Felipe para trabajar en la ampliación del templo parroquial y en la construcción del colegio de los jesuitas. Alarife es el nombre que se daba al arquitecto o maestro de obras. El maestro Joseph de la Cruz estaba concluyendo los trabajos principales de la Catedral de Durango cuando fue enviado a la villa de San Felipe.

En junio de 1725, el obispo se traslada a San Felipe para iniciar los trabajos del templo parroquial, de su bolsillo aportó siete mil pesos, a lo que correspondieron los vecinos dando otros siete mil. El entusiasmo creció y el obispo pudo colocar la primera piedra el 21 de junio de 1725. El señor Crespo constató que la villa de San Felipe "era el Real de Minas más opulento de todo el obispado" y exhortó al vecindario a que se erigiese nueva iglesia, más grande y suntuosa. Incluso la pensó como una futura catedral, justificando el nuevo proyecto escribía al rey: “porque con el tiempo y permaneciendo, como se espera, dicho mineral, pueda servir de catedral en pareciéndole a V. M. que haya oportunidad, por lo sumamente dilatado de este obispado".

En el Archivo General de las Indias existe el plano original de la nueva parroquia de San Felipe el Real, elaborado por el maestro Joseph de la Cruz, que fue enviado a España el 22 de abril de 1726.


Plano de 1726, hecho por el mismo Joseph de la Cruz, conservado en el Archivo General de Indias en Sevilla, España.
 
Este primer plano está firmado: "Maestro de la obra Joseph de la Cruz", Era un templo de una nave en forma de cruz latina, con bóvedas de arista y cúpula circular. Los cruceros eran estrechos y más aún las cuatro capillas laterales. En el cubo de las torres se abrían el bautisterio y otra capilla. En el presbiterio dice que la bóveda tiene 12 varas de ancho por 9 de largo y que toda la iglesia tendría 60, "sin los gruesos de las paredes". Las escaleras de caracol para las torres eran exteriores, alojadas entre las capillas de los cubos y las primeras laterales. Dos pilastras adornarían cada lado de la puerta principal y llevaría, cosa rara, "espadaña". Espadaña es un campanario formado por una sola pared, en la que están abiertos los huecos para colocar las campanas.

Un nuevo proyecto
El entusiasmo de los vecinos por la nueva parroquia no fue inferior al de don Benito Crespo. El 7 de mayo de 1727 el Ayuntamiento convocó a una reunión en la Plaza de Armas a los Diputados de Minería y Comercio y a los principales vecinos. "El Alcalde llevando la voz de sus colegas, dio a saber a los presentes el objeto de aquella reunión, que no era otro que gestionar lo necesario para construir una iglesia parroquial decente, por no haber otra que una vieja y reducida capilla de adobes. La arenga del Alcalde cayó en bien preparados oídos y por unanimidad se aprobó que, para reunir fondos destinados a la construcción del nuevo templo, se impusiera una contribución de un real por cada marco de plata, pagando siete gramos los mineros que la sacaron y los otros cinco los mercaderes vecinos y los entrantes y salientes que la compraran o rescatasen ... El Rey de España, en cédula fechada en Sevilla el 9 de marzo de 1731, felicitó a sus leales vasallos de San Felipe el Real de Chihuahua por su filantropía, celo y cristianos designios, exhortándolos a que llevaran a pronto término sus proyectos".

Ante esta nueva e importante contribución económica, el obispo, secundó un nuevo proyecto más ambicioso. Ya no era solo cuestión de hacer un templo suficientemente grande para la población, sino de hacer una iglesia que en el futuro pudiera ser Catedral. Lo que obligó a que la primera planta se agrandase, aumentándola de una a tres naves. Don Benito Crespo tomó este proyecto como una de sus prioridades como lo indica una carta del 28 de diciembre de 1728, donde relata que el obispo iba a viajar a San Felipe “para acalorar con su presencia los ánimos para la continuación del bello edificio de la magnífica iglesia… con el deseo de ver en la última perfección un templo que por su grandeza y por la situación de la noble villa en que se eleva es digno de tener coro y sede episcopal que lo ilustre”. Así en 1730 se envió al rey el plano del nuevo proyecto.


Plano de 1730. Aunque este segundo plano no está firmado se sabe que Joseph de la Cruz siguió como maestro hasta su muerte en 1734.
 
El cambio principal del nuevo plano respecto al primero de 1726 consistió en convertir el edificio en un templo de tres naves con una amplísima portada de siete calles. Para 1730 los muros del crucero ya estaban en parte levantados y para aprovechar la cimentación ya hecha, “los muros del primer proyecto se convirtieron en pilares y el muro de los brazos del crucero se corrió en toda la longitud del templo para formar las naves laterales", eliminando las capillas laterales. De tal forma que las naves laterales son algo estrechas, lo que determinó la forma de los arcos, pues para hacerlos más altos se les dio forma oval, parabólicos, en violento contraste con los armoniosos arcos de medio punto de la nave central. El otro cambio consistió en agrandar la sacristía y la correspondiente sala del tesoro, hoy “Sala de Ángeles” y añadir una antesacristía.

La antesacristía junto con su portada de orden dórico ya estaba concluida. También la puerta lateral poniente “de orden jónico” dice el alarife De la Cruz, lo cual no corresponde a su apariencia actual. La mayor parte de los pilares de la nave principal estaban en pie hasta la altura de los capiteles y el resto estaba hasta la altura de las pilastras menores.

En 1734 muere Joseph de la Cruz y es sustituido por Juan Ventura quien a su vez muere en 1736. Lamentablemente no se sabe el nombre del alarife que sustituyó a Ventura.

Para 1738 la obra iba a la altura de la cornisa, lo sabemos gracias a una inscripción sobre la clave del arco de la puerta.

En 1741 estaba terminada y completa la gran fachada principal, pues en esa fecha la firma, muy ufano, su magnífico autor: Antonio de Nava. En el friso del tercer cuerpo, arriba de las columnas, dicen en la izquierda: "Año de" y en la derecha: 1741.

Y en la misma cornisa y sobre los nichos que están a los lados de la escultura de San Francisco, dice:

o sea "iso (hizo) Antonio de Naba”.

Entre agosto de 1742 y marzo de 1743 “el altar mayor se mantuvo debajo del coro” debido a los trabajos en el cimborrio.

En 1750 la obra debe haber estado prácticamente completa, porque en junio se decide suspender el impuesto sobre la plata establecido en 1727. En 1755 el maestro alarife Cristóbal del Villar hizo la traza definitiva del atrio, que incluía 19 varas a los lados del edificio y 18 al frente.

El 6 de noviembre se reanudó el impuesto sobre la plata, y el 15 de diciembre se contrata al alarife Bernardo del Carpio para terminar la construcción de las torres, de las cuales ya existían los dos primeros cuerpos.

Para el 25 de junio de 1758 la obra estaba completa en lo exterior. Hasta se había construido la capilla del Rosario (hoy de Fátima) al lado izquierdo, la cual no estaba proyectada en el plano de 1730. De hecho, en la pared entre la Sala del Tesoro y la capilla, arriba de la puerta que las comunica se ve un óculo oval que originalmente daba al exterior. Se debe haber decidido construir esta capilla en 1757, cuando San José fue elegido patrono de los mineros y su altar remplazó al de la Virgen del Rosario en el crucero derecho. La inscripción en el arco de la puerta de la capilla dice: “Estando en su visita general el ilustrísimo Señor Doctor Don Pedro Tamarón se dedicó esta, Año del Señor 1760”.

En 1765 Tamarón escribe en relación a esta visita:

“La villa de San Felipe el Real de Chihuahua, es una de la poblaciones más cuantiosas de este obispado, si no es la mayor, su comercio es el mejor… son todos presbíteros seculares que allí residen, 13, un diácono y otro subdiácono. La parroquia de esta villa es de fábrica suntuosa, con tres naves y bóvedas, que pudiera ser en cualquier parte lúcida catedral”.

El templo parroquial de San Francisco y Ntra. Sra. de la Regla, terminado ya por fuera, en su interior lucía desnudo, sin ningún retablo, ni decoración. Fue entonces, en 1789, que el Rey ordenó se restituyesen los 97,873 pesos y 5 reales y 5 gramos tomados del fondo para la construcción del templo para ser utilizados en la guerra contra los apaches, para la terminación del edificio.

Se mandó traer al arquitecto Nicolás Morín, quien comenzó activamente su trabajo haciendo los proyectos del altar mayor y los altares laterales y encargando a diversos artistas contribuyesen a la conclusión de la Catedral, incluso con ornamentos y vasos sagrados. Los presupuestos aprobados por Morín y la junta nos dan los nombres de estos artistas:

Santos Rodríguez, maestro carpintero, hizo las puertas de madera de las tres fachadas, los canceles, los bastidores para las ventanas y los confesionarios, con un costo de 6,710 pesos.

José María López, maestro platero, hizo los cálices, blandones, incensarios, vinajeras, y una lámpara de plata, todo por valor de 2,877 pesos. Juan Ignacio Sosa, maestro sastre, hizo las dalmáticas, casullas, sobrepellices y una capa pluvial, costando 10,000 pesos.

Martín de Orozco, maestro herrero, hizo todas las cerraduras, aldabones y llaves.

José Gabriel Carreño hizo el órgano, en 1796.

Juan Antonio Gómez, maestro campanero, fundió las campanas en 1798, que fueron subidas en julio de ese mismo año por don Melchor Guaspe, natural de Mallorca, ex marino de la Real Armada, que acababa de avecindarse en la villa.

En 1795 "se reparó la portada principal". (¿En qué pudo consistir ese reparo? Lo más probable es que sea el año de la construcción del balaustre del remate que, sin duda, por su estilo, es posterior a la obra de Nava). También ese año se bendijeron los retablos de madera, del interior por el presbítero Pedro Granados.

El retablo mayor se concluyó en 1792, y los altares del crucero, el de San José en 1793 y el de Ntra. Sra. de los Dolores en 1813.

En 1874 se instaló el reloj en el lugar donde las armas reales de España se ostentaban hasta antes de 1823, y en 1889 se colocó el enrejado que rodea el aún templo parroquial.

Hacia fines del siglo XIX, se construyó el segundo piso de la sacristía, que no se ve en fotografías antiguas. Muy posiblemente esto se hizo después de 1891, cuando Chihuahua llegó a ser diócesis, cumpliéndose así, por fin las aspiraciones de los creadores de su iglesia monumental.


Bargellini, Clara. (1984). “La Catedral de Chihuahua”. UNAM
De la Maza, Francisco. (1961).”La Catedral de Chihuahua”.
Vargas Valdez, Jesús.(1993).Catedral de Chihuahua, testigo de la historia. Editorial Camino.