S.E. MONS. ADALBERTO ALMEIDA Y MERINO
(de 1969 a 1991)
Por Felipe René Acosta Velázquez

Adalberto Almeida Merino nació el 6 de junio de 1916, en Bachíniva, Chihuahua. Hijo único de Luis Almeida Alderete y María Merino. Apenas cumplió 7 meses, Adalberto quedó huérfano de padre. Doña María y su pequeño, se alojaron con los padres de ella, donde Adalberto se crio en un ambiente familiar de fraternidad y piedad.

ESTUDIOS Y ORDENACIÓN SACERDOTAL
En 1930 Adalberto ingresó a primero de Latín en el Seminario Conciliar de Chihuahua, junto con él, Carlos Francisco Enríquez, Humberto Enríquez, y Miguel Lujan (los cuatro de Bachíniva). Manuel Talamás, Jesús Esquivel, Juan Manjarrez, José Rafael Terrazas, Juan Aguirre, Manuel Mercado, Roberto Derrás, José Banderas, Armando Fernández, Lino Arredondo, J. Concepción Labrado (de la ciudad de Chihuahua), Jesús Sáenz (de Camargo). José Guadalupe Moreno (del Pueblito de Allende). Agustín Urbina (de Santa Isabel). Allí estudió 3 años de latín y un año y medio de filosofía. El seminario de Chihuahua cerró temporalmente sus puertas a causa de la persecución religiosa, lo que dispersó a los seminaristas durante un año. 


De pie (de izquierda a derecha): Jesús Esquivel, Carlos Enríquez, Guadalupe Moreno, Agustín Urbina, Adalberto Almeida y Adán Galindo. Sentados: ..., José Balderas, P. Francisco Servín, J. Rafael Terrazas y Manuel Talamás. Primer Seminario de Chihuahua, ubicado en el actual Hogar de Niñas de la Sagrada Familia.
 
El señor obispo, don Antonio Guízar logró que los seminaristas de Chihuahua estudiaran en otros seminarios que permanecían abiertos, como el de Durango y el de San Luis Potosí. En 1936, estuvieron en el Seminario de Veracruz, que funcionaba en la clandestinidad en el Distrito Federal: Adalberto Almeida, Antonio Pizaña, Guadalupe Morones, Antonio García, Pedro F. Aldana, Salvador Fierro, Jesús Esquivel, Rogaciano Olvera, Modesto Rodríguez, Carlos F. Enríquez, Guadalupe Moreno, Francisco Porras, Gabriel Aldás, Pedro Aldás, Gabriel Torres, Simón Flores y Ramón Mendoza. 


Alumnos de Filosofía (1934). Local de la Sagrada Familia. Izquierda a derecha de pie: Juan Manjarréz, Agustín Urbina; Manuel Talamás, Carlos Enriquez, José Guadalupe Moreno. Sentados: José Balderas, Adalberto Almeida, José Rafael Terrazas, Adán Galindo.
 
En este año, 1936, el señor Obispo Guízar envió a estudiar a Roma a Manuel Talamás Camandari (que fue Obispo de Cd. Juárez), Carlos F. Enríquez (que fue Vicario General de Cd. Juárez), Arturo García Muñoz y Adalberto Almeida. Los dos últimos no pudieron salir de imediato permaneciendo hasta el siguiente año en el Seminariode Veracruz.

Durante toda la vida de Adalberto y sus compañeros seminaristas, la guerra estuvo presente como una amenaza para su vocación, primero la revolución, luego la persecusión religiosa y ahora en Europa la Segunda Guerra Mundial. Allá en Roma, estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana, donde permaneció diez años y obtuvo las licenciaturas en Filosofía, Teología y Derecho Canónico. La ordenación sacerdotal se realizó el 24 de abril de 1943, en el templo de la Compañía de Jesús de Roma.

SU REGRESO A CHIHUAHUA
El P. Almeida, regresó a Chihuahua en 1946, siendo nombrado formador del Seminario Conciliar. También ocupó los puestos de Prefecto de Disciplina y Director Espiritual. Durante un tiempo fue capellán del Templo de San Francisco de Asís, hoy atendido por los frailes dominícos. Recibe también el título de Prelado Doméstico de Su Santidad. 

OBISPO DE TULANCINGO

Obispo de Tulancingo
 
Siendo Director Espiritual del Seminario, el 28 de mayo de 1956 recibe la noticia de que el Papa Pío XII lo nombró Obispo de la Diócesis de Tulancingo, sucediendo a Mons. Miguel D. Miranda y Gómez, que fue trasladado como Arzobispo de México. Toma posesión de la Diócesis, en ese tiempo una de las más pobres del país, el 14 de agosto del mismo año, y al día siguiente, el 15, recibe la ordenación episcopal de manos de Mons. Antonio Guízar y Valencia.

OBISPO DE ZACATECAS

Obispo de Zactecas
 
En Tulancingo estuvo hasta 1962, fecha en que fue nombrado obispo de Zacatecas donde ejerció su ministerio hasta 1969. Durante el tiempo que fue Obispo de Zacatecas, le tocó celebrar los 100 años de la fundación de esta diócesis, así como la celebración y posterior asimilación del Vaticano II. Don Adalberto Almeida participó como Obispo de Zacatecas en todas las sesiones del Concilio Vaticano II, cuyos esquemas estudió con su presbiterio, religiosas y laicos. Puso en práctica la reforma litúrgica y comenzó el trabajo de asimilar y aplicar las enseñanzas conciliares. Este proceso se tuvo que interrumpir, debido a que el 24 de agosto de 1969 le fue anunciado su traslado a Chihuahua.

DON ADALBERTO, ARZOBISPO DE CHIHUAHUA
Un gran acontecimiento para la Arquidiócesis fue la llegada y toma de posesión como Arzobispo de Mons. Adalberto Almeida y Merino, el 8 de septiembre de 1969. Primer chihuahuense y primer alumno del Seminario de Chihuahua en recibir el Palio Arzobispal. Una de sus primeras preocupaciones fue precisamente el Seminario, corazón de la Arquidiócesis.


Don Adalberto Almeida recién nombrado arzobispo, con el equipo formador del Seminario. Curso 1956-1957: Joaquín Díaz, Raúl Trevizo, Vicente Gallo, Alfonso Payán, Salvador Terrazas, Rubén Solís, Lorenzo Lucero, Felipe Pineda, Carlos Francisco Enríquez, Manuel Talamás, Isidro Payán y Anacleto Aguilera.
 
CREACIÓN DEL SEMINARIO REGIONAL DEL NORTE
En 1970 don Adalberto junto con los demás obispos de la Región Norte, unieron esfuerzos y crearon el Seminario regional del Norte, cuya sección de filosofía se encontraba en Juárez y el Teologado en Chihuahua. El Seminario Regional del Norte recibía alumnos de Chihuahua, de las diócesis de Ciudad Juárez y Torreón, del Vicariato Apostólico de Tarahumara y de las Prelaturas de El Salto, Dgo., y Ciudad Madera, Chih.

REORGANIZACIÓN DE LA PASTORAL
Apenas llegado a Chihuahua, Almeida estableció la Comisión Eclesial de Pastoral, organismo supremo, bajo la dirección del obispo, que se encargaría de dirigir la acción de la Iglesia. De esta comisión surgen tres importantes comisiones, que después tomarán el nombre de secretariados, la Comisión de Evangelización y Catequesis, la Comisión de Liturgia y la Comisión de Pastoral Social, que corresponden a los tres ministerios fundamentales de la Iglesia: a) la predicación del Evangelio, b) el culto y c) la orientación ética en base a la cual el católico ha de comprometerse, como ciudadano, en la construcción de una sociedad más justa y fraterna.

LA PRIORIDAD ES LA EVANGELIZACIÓN. TRES CARTAS PASTORALES

Don Adalberto en la Misa de envío, en una Misión Evangelizadora en San José de la Montaña.
 
Se elaboró un Plan Diocesano de Pastoral, que asume la forma de una carta pastoral. La primera carta pastoral fue publicada por don Adalberto el 30 de marzo de 1975 con el título de Evangelización. En ella deja clara la idea de que “la vivencia de la fe no puede reducirse únicamente al aspecto religioso y cultual: el hombre vive inmerso en una cultura, en la política, en la economía, en la sociedad y profesa una religión. En todos estos aspectos de la vida del hombre que entrañan necesariamente una escala de valores y una serie muy diversificada de relaciones interpersonales, debe estar presente la fe, iluminando, inspirando y motivando esas realidades temporales para darles la auténtica dimensión cristiana”.

Como fruto de la primera carta pastoral, se multiplicaron en la diócesis las iniciativas para evangelizar y cada vez más laicos se suman a esa tarea. Esto hace que se sienta la necesidad de preparar mejor a los agentes de esa actividad, lo cual lleva al arzobispo a elaborar su segunda Carta Pastoral, firmada el 4 de julio de 1978 con el título de Formación de Evangelizadores. Define don Adalberto las características que identifican a un buen evangelizador. Entre otras cosas, afirma: “El evangelizador debe conocer la Doctrina Social de la Iglesia... debe ser capaz de analizar la realidad y confrontarla a la luz de la fe en orden a descubrir en ella valores evangélicos y antivalores y a tomar opciones y compromisos en las cinco áreas fundamentales: cultural, social, política, económica y religiosa...”

El 24 de noviembre de 1985 don Adalberto publica su tercera carta pastoral titulada El proceso evangelizador y su organización, que había de ser la Carta Magna de la evangelización en la diócesis, fruto maduro de todo lo estudiado y logrado hasta ese momento, pero sobre todo la carta venía a darle a la acción pastoral de la diócesis la unidad que necesitaba y a señalarle el rumbo adecuado.

FUNDACIÓN DE CARITAS
El 15 de julio de 1971, Pablo VI instituye en Roma el Pontificio Consejo “Cor Unum” (“Un solo corazón”, en latín) para coordinar, promover e intensificar las actividades y organizaciones católicas de ayuda y asistencia, y en 1972 Mons. Almeida es nombrado como uno de los dos miembros asignados a América Latina. En una reunión de Cor Unum en Roma don Adalberto recibió del presidente de Caritas el encargo de promover en México su fundación por parte de la Conferencia Episcopal, cosa que se logró en 1973 con el nombre de Caritas Mexicana. En la diócesis de Chihuahua, se hacen varios intentos con el fin de fundar caritas diocesana, intentos que finalmente se consolidaron a partir de 1979, y se convirtió en una de las organizaciones católicas de ayuda más eficaces en Chihuahua.

EVANGELIZACIÓN DE LA POLÍTICA
En mayo de 1983, Don Adalberto escribió el folleto: Votar con responsabilidad. Una orientación cristiana, que contiene 37 interrogantes relacionas al papel del creyente en los procesos electorales. Da la recomendación de ejercer el derecho político de votar, tomando en cuenta "el respeto a la dignificación de los pobres, la defensa de los débiles de la sociedad, y el rechazo de los que dominan por el poder el dinero, o por el poder autoritario." El 19 de marzo de 1986 publicó la carta pastoral, titulada:"Coherencia cristiana en la política" en la que llamaba a ejercer el derecho del voto de manera crítica y razonada, también hace recordar a los cristianos que deben aborrecer la corrupción, y sobre todo el fraude electoral, que significa un acto mayor de corrupción.

LOS SUCESOS DE 1986
En Chihuahua, el 6 de julio de 1986 las autoridades electorales declaran gobernador electo a Fernando Baeza Meléndez. Don Adalberto y el presbiterio de Chihuahua tienen la convicción de que los procedimientos y los resultados de la elección fueron ilegales y fraudulentos. Ante tal situación, la Iglesia no se podía quedar callada, por lo cual, de manera unánime, el arzobispo y su clero decidieron suspender las misas del domingo 20 de julio, en señal de penitencia y desagravio por el pecado social cometido, e invitar al pueblo a convertir ese día en una jornada de ayuno y oración.

La medida propuesta fue rechazada por el entonces delegado apostólico, Jerónimo Prigione, a solicitud del Secretario de Gobernación, Manuel Bartlett. Don Adalberto acató la orden sin retractarse en su valoración negativa de las elecciones. Multitud de apoyos de toda la república, fueron recibidos, y aunque la suspensión no se realizó, el objetivo se logró, llamar la atención sobre la violación de los derechos del pueblo de Chihuahua. Esta acción fue fundamental en el surgimiento de la democracia en México.

A raíz del conflicto electoral, el 27 de diciembre de 1988 don José Fernández Arteaga es un nombrado Arzobispo Coadjutor de Chihuahua con derecho a sucesión. tomando posesión el 25 de enero de 1989.

LA VISITA DEL PAPA JUAN PABLO II
Un hecho sin precedente en el ministerio episcopal de don Adalberto fue recibir a Su Santidad Juan Pablo II en Chihuahua.

En mayo de 1990, México recibía al Papa Juan Pablo II que venía para "Ayudar a renovar la vida cristiana, impulsar la nueva evangelización e infundir aliento y esperanza en todos, particularmente en los más pobres y necesitados".

Chihuahua lo recibió el 10 de mayo, día de las madres, miles de voluntarios participaron en la organización. Se hizo una valla del aeropuerto a los campos limas, hoy deportiva sur, donde se congregó una multitud de aproximadamente un millón de personas.

En su mensaje, exaltó el papel de las madres en la conservación de la fe, ponderó a la familia como base de la sociedad, y dijo:

“La familia ha recibido de Dios la misión de ser la célula primaria y vital de la sociedad. Como en un tejido vivo, la salud y la fuerza de la sociedad depende de la salud y fuerza de las familias que la integran. Por ello, la defensa y promoción de la familia es también defensa y promoción de la sociedad misma.”

RETIRO DE DON ADALBERTO
El 24 de junio de 1991, S.S. Juan Pablo II acepta su renuncia al gobierno de la arquidiócesis, y nombra como su sucesor a Don José Fernández Arteaga, que desde 1988 se dempeñaba como coadjutor. A partir de entonces realizó su ministerio como Arzobispo Emérito en la capilla de San Lorenzo, en la ciudad de Chihuahua.

Todavía un muy importante acontecimiento pudo ver don Adalberto, la elevación a los altares del Padre Maldonado. Aunque ya Don Adalberto no era el Arzobispo titular, el fue un impulsor de la causa. Desde 1975 nombra a Mons. Martín Quiñonez como promotor la Causa de Canonización del santo chihuahuense. El Padre Maldonado fue beatificado el 22 de noviembre de 1992, y canonizado el 21 de mayo del 2000 por el Papa Juan Pablo II.

DON ADALBERTO, ES LLAMADO A LA CASA DEL PADRE.
El 21 de junio de 2008 muere don Adalberto, en la ciudad de Chihuahua a los 92 años de edad.

La Misa de exequias fue presidida por el Sr. Arzobispo Don José Fernández Arteaga y concelebrada por los Obispos Don Renato Ascencio, Don Juan Guillermo López, Don Rafael Sandoval, Don Gerardo Rojas López y Don Andrés Corral, así como Mons. Ennio Bezzone, representante de la Nunciatura Apostólica en México y más de un centenar de presbíteros provenientes de todo el Estado.

Autoridades civiles, los medios de comunicación, las congregaciones religiosas, el Seminario Arquidiocesano y fieles en general, abarrotaron la Catedral Metropolitana para dar el último adiós y ofrecer este sacrificio eucarístico por el alma de Mons. Almeida, a quien todos recordaron como un hombre ejemplar, un santo sacerdote y un próvido pastor.

Después de la Misa, una comitiva formada por algunos sacerdotes trasladó el féretro del Arzobispo emérito en medio de los aplausos de la multitud hasta la escalinata que conduce a la Cripta de los Obispos.

Únicamente Obispos, algunos sacerdotes, familiares y amistades cercanas a Don Adalberto, tuvieron la oportunidad de ingresar a la cripta la cual es una cámara de roca que fue excavada bajo el suelo de la Catedral para depositar en ella los restos de los pastores de esta Iglesia particular.

Junto a los restos de sus predecesores, hermanos en la dignidad del episcopado, descansa ya el cuerpo mortal de nuestro querido Arzobispo, Don Adalberto Almeida y Merino, quien partiera a la Casa del Padre dejando en los corazones de sus hijos espirituales un vacío que sólo Dios, en su infinita misericordia, puede llenar.