CATEDRAL, TESTIGO DE LA HISTORIA
LA VILLA DE SAN FELIPE EL REAL DE CHIHUAHUA EN EL SIGLO XVIII
La mayor parte de los asentamientos de la Nueva España se caracterizó por tener un tejido urbano muy laxo fuera del centro de las poblaciones, que poco se distinguía de su entorno rural. En ellos dominaban las actividades agrícolas o mineras, mientras que sus funciones comerciales e industriales quedaron relegadas. La ciudad de México con sus 104,760 moradores en 1790, era la exepción a la regla, tal vez por haber sido ya la urbe más grande del mundo antes de la conquista. Sin embargo, la población que radicaba en la jurisdicción rebasaba en mucho a la de los habitantes de la ciudad. Sucedía lo mismo en Durango, la capital y primer asentamiento de la Nueva Vizcaya en ser trazado por los españoles. San Felipe el Real de Chihuahua, capital de hacho de la Nueva Vizcaya, por radicar allí el gobernador de la provincia por medio siglo, en su época de auge no tuvo más de 9 mil habitantes y veinticinco mil personas en total en su jurisdicción. No obstante, Chihuahua, desde que fue declarado villa en 1718, contaba con autoridades propias, tenía su cabildo con alcaldes y regidores e incluso un corregidor urbano (los corregidores eran nombrados por el virrey o el gobernador para servir de contrapeso al poder de los oligarcas locales). Pero durante toda la época colonial nunca se le otorgó a Chihuahua el título de ciudad, que solo ostentó Durango, en la Nueva Vizcaya, por ser sede del obispado y capital de la gobernación.

En Chihuahua, si bien allí tenían su casa los principales magnates de la región, no siempre residían allí, porque era en sus haciendas donde gozaban de un a vida de tipo señorial más a la altura de sus pretenciones.

El plano de San Felipe de 1722, el cual se conserva en la Biblioteca de la Real Audiencia de la Biblioteca Pública de Guadalajara, permite remontarse a los orígenes del asentamiento. Es un documento gráfico excepcional porque ofrece información totalmente novedosa acerca del aspecto primitivo de San Felipe a muy poco tiempo de su fundación.

El poblamiento de la región de Chihuahua.
En términos muy generales podemos dividir el proceso de poblamiento de la región de Chihuahua en dos fases. En un primer momento durante la segunda mitad del siglo XVI, la parte norte de la Nueva Vizcaya fue un territorio dominado por los cazadores de esclavos que incursionaban esporádicamente desde la provincia de Santa Barbara para tomar cautivos y trasladarlos a los poblados españoles de la cuenca del río Florido. A principios del siglo XVII, los indios de esa región fueron incorporados al régimen de encomienda y de repartimiento por los gobernadores, quienes los distribuían entre los estancieros del Valle de San Bartolomé (hoy Valle de Allende). En aquella época se descubrieron las primeras minas de la zona, pero éstas se explotaron de manera esporádica. Tal como había sido el caso en la región de Parral, la colonización primitiva de la región fue paulatina y más bien de carácter agrícola.

No fue sino hasta el último tercio del siglo XVII, que con el afianzamiento de las misiones la sociedad colonizadora comenzó a crecer y estabilizarse, lo cual permitió la aparición de los primeros reales de minas. Se inauguró entonces la segunda fase del poblamiento de la región, que se distinguió por el progresivo crecimiento de las haciendas españolas.

La expansión minera en la zona de Chihuahua comienza alrededor de 1707, cuando nace el primer real de minas en esa región: Santa Eulalia. En 1709 se funda San Francisco de Cuellar, en la margen derecha del Chuviscar en un paraje más llano y accesible y con mayor disponibilidad de agua y leña que en Santa Eulalia.

Por esos mismos años aparecen otros dos pequeños reales de minas: uno que posteriormente se llamaría Chihuahua el Viejo (al noroeste de Santa Eulalia), y otro que fue San Pedro de Alcántara (en un lugar ubicado al oriente de San Francisco de Cuellar. Toda esa región era llamada "de Chihuahua", y conformaba ya un vasto distrito minero.

El gobernador Manuel de San Juan y Santa Cruz, obedeciendo los lineamientos de una real cédula ordenó el establecimiento de una nueva villa, llamada San Felipe, que se situaría sobre el camino real que unía el centro del virreinato con la villa de Santa Fe, capital de Nuevo México. El proyecto original consistía en trasladar hacia el norte a todos los delicuentes, pobres y desocupados que vagaban y amenazaban la tranquilidad de las grandes ciudades de la Nueva España, en especial la capital del virreinato. Es así que en 1718 se erigió la villa de "San Felipe el Real de Chihuahua", que englobaba a San Francisco de Cuellar y se extendía hasta el río Chuviscar, a lo largo del cual se encontraban ya por ambos lados de la corriente una serie de haciendas españolas que colindaban hacia el norte con la misión de Nombre de Dios, río Sacramento en medio. Fue a partir de entonces que comenzó a llamarse "Chihuahua" a la villa de San Felipe, y que Santa Eulalia cuya población rivalizó todavía durante algunos años más con la villa, perdió paulatinamente su importancia y se consideró como un real de minas aparte.

La población de San Felipe creció rápidamente; se dice que en 1722 habitaban en el real un total de entre 8 mil y 9 mil personas de todos los grupos socio-,raciales, y en 1730 se reportaron 2 mil familias. En toda la jurisdicción vivían unos 25 mil habitantes. Los datos que muestran este rápido crecimiento demográfico deben tomarse con reservas, ya que las cifras quizá fueron infladas como sucede frecuentemente en épocas de bonanza minera. Pero, comparativamente, podemos ver cómo en la segunda década de su existencia, San Felipe tenía aproximadamente el doble de habitantes que Parral hacia 1635, cuando iniciaba su auge minero.

Sin embargo, no hay que perder de vista que al crearse la villa de San Felipe, el poblamiento español en la región de Chihuahua tenía ya una antigüedad de aproximadamente 70 años. San Felipe tomó el lugar que desde 1686 y durante dos décadas había ocupado Cusihuiriachic, como punto de convergencia de movimientos de población provenientes de Santa Bárbara y de Sonora. Chihuahua recibió igualmente una parte de los antiguos pobladores de Nuevo México, expulsados en 1680 por los indios pueblo. Como en todos los descubrimientos mineros, la bonanza atrajo a comerciantes y mineros de otras zonas de la Nueva España e incluso de la península ibérica. Todos estos facttores concurrieron para darle una gran estabilidad al poblamiento.