CATEDRAL, JOYA DEL BARROCO
LA CONCEPCIÓN DE LA CATEDRAL DE CHIHUAHUA
La iglesia como se ve hoy, se planeó y completó en el espacio de una generación: desde 1725 a 1760, incluyendo la capilla del Rosario (hoy de Fátima). Solo pudo haber habido una demora de alguna importancia entre la muerte del primer maestro en 1734 y la llegada del nuevo, Antonio de Nava en 1738. Seguramente, la apariencia homogénea de la iglesia con su caracter monumental y relativamente sobrio, aunque rico en esculturas, se debe en parte a la brevedad de su construcción. Lo unitario del edificio también se puede explicar en parte por la repetición simétrica de elementos importantes, como las torres y las portadas laterales, asi como por el uso generalizado de cantera de color tenue, dentro y fuera.

Hablar de color es sin embargo, problemático. Hoy el edificio por fuera se ve muy homogéneo, por el tono parejo de la cantera y del acabado de los muros. No necesariamente fue siempre así. Las esculturas estaban por lo menos en parte pintadas. Todavía algunos de los santos de la fachada conservan color en el pelo y en los ojos. También el relieve de la Virgen del Rosario tiene restos de varios colores.

Sin embargo, la explicación fundamental de su homogeneidad, viene del hecho de que fueron respetados los planos e ideas del primer maestro, Joseph de la Cruz, practicamente para toda la iglesia. En el caso de la planta no hay duda de esto. Para el resto de la construcción, los documentos aclaran que Joseph de la Cruz vió cerradas las naves laterales y la cúpula. Sin embargo , también la nave principal, el imafronte y las torres, aunque acabadas después de su muerte reflejan sus ideas, como se verá.

Afortunadamente, dada la conservación de los planos originales, se puede intentar descubrir algo de las intenciones del arquitecto. Los levantamientos modernos permiten comparar las intenciones con su realización. El primer plano, enviado a España 1726, es una pieza de presentación. Fue hecho a colores con todo lujo y es el proyecto de lo que debía ser una iglesia parroquial para San Felipe el Real según el maestro Joseph de la Cruz. Pero es algo más. Para determinar las dimensiones de las partes del edificio, el maestro siguió los métodos de traza geométrica de origen medieval. Con las variantes de capillas laterales salteadas y de los caracoles para las torres, el procedimiento adoptado es el de una iglesia de una nave. Una iglesia cuyos cruceros tienen la mitad del ancho del coro: en este caso, 6:12:6 varas. En el mismo plano, Joseph de la Cruz señaló las medidas de 9 por 12 varas que resultarían para el presbiterio.


Plano de 1726, hecho por el mismo Joseph de la Cruz, conservado en el Archivo General de Indias en Sevilla, España.
 
Cuando, en 1727, se le encargó una iglesia más amplia que pudiera eventualmente servir de catedral, ya estaban constridos los basamentos de los cuatro arcos torales y fijados los límites de los cruceros y del presbiterio según el plano original. Para seguir adelante, pero ya con una iglesia de tres naves, Joseph de la Cruz siguió en las naves laterales los límites establecidos para el crucero, dado que ya no había posibilidad de ampliar este último. Al mismo tiempo parece que usó lo ya construido como base para calcular las nuevas dimensiones de los tramos del cuerpo principal de la iglesia. La prueba está en que en el plano definitivo, como en el edificio realizado los tramos miden aproximadamente 10 por 12 varas, las cuales son la dimensiones para un templo de tres naves con un presbiterio de 9 por 12 y de un coro de 12 por 12 varas. Por otra parte el maestro conservó los caracoles, por supuesto ya no exteriores, y las capillas en los cubos de las torres del primer plano. Con este procedimiento Joseph de la Cruz pudo integrar el primer plano con el segundo.


Plano de 1730. Aunque este segundo plano no está firmado se sabe que Joseph de la Cruz siguió como maestro hasta su muerte en 1734.
 
Pero la integración del edificio se logra no solo en la planta, sino también en los alzados, los cuales siguen proporciones numéricas. Los pilares de la nave principal, por ejemplo, tienen 10 varas de alto de la base hasta el capitel, que es el largo de los tramos. El alto de la nave es el doble, o sea, 20 varas; y el alto de las naves laterales es 12 varas, o sea, el doble de su ancho. De hecho, para poder conservar esta última proporción el arquitecto tuvo que aceptar que las bóvedas de las naves laterales tuviesen un perfil enlongado en vez de circular, como hubiera sido lo normal. En estas proporciones de los alzados se manifiesta una mentalidad que buscaba diseñar con base en las relaciones numéricas.


Corte longitudinal.
 
Por sus propias palabras, es obvio que Joseph de la Cruz era consciente del uso de los órdenes, lo cual no es de extrañar en un maestro arquitecto de ese tiempo; lo raro sería lo contrario. El orden dórico del interior de la iglesia es relativamente ortodoxo en cuanto a sus elementos fundamentales. Respecto al dórico romano tradicional, solo tiene las anomalías de la cornisa alta, la cual pudo haber sido acabada después de la muerte del maestro, y de las proporciones alargadas de los pilares principales. En 1834 el interior de la iglesia de Chihuahua fue comparado con el de San Agustín de México precisamente por su sobriedad clásica. Los detalles comedidos de la sacristía de Chihuahua recuerdan los del claustro de la casa detrás de la catedral de Durango, probablemente construida por Joseph de la Cruz. Finalmente, cabe acordarse que utilizar los órdenes arquitectónicos implica, fundamentablemente, buscar la conmensurabilidad entre las partes de un edificio.


Corte transversal
 
En estos planos de Joseph de la Cruz se ve ejemplificado el dilema de los arquitectos a partir del Renacimiento, cuya práctica muchas veces seguía siendo medieval, mientras que sus ideas ya eran clasicistas. Por una parte se usa una figura geométrica como base para derivar las dimensiones de todo un edificio; y por otra, se buscan relaciones numéricas. Creo que esta contradicción ha contribuido a crear problemas en cuanto a la relación entre proporciones ideales y las medidas actuales de este edificio. Si se estudiaran más construcciones virreinales teniendo en mente esta problemática , se podría llegar a una apreciación más clara no solo de la arquitectura, sino también del significado que encerraban los diferentes métodos en aquella época.


Plano actual de la Catedral de Chihuahua
 

Bargellini, Clara. (1984). “La Catedral de Chihuahua”. UNAM.